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La velocidad (y el tocino)

Recuerdo que cuando apostamos por introducir en el Colegio un tercer idioma como lengua vehicular nos encontramos con muchas resistencias. Una, que compartían algunos padres y las maestras más veteranas, era que se retrasaría el momento en el que los niños aprenderían a leer. Argumentaban que el Centro estaba muy bien colocado en el ranking (no sé en qué ranking), y que éramos de las pocas escuelas en la que los niños pasaban a Primaria sabiendo leer.

También recuerdo que unos padres nos denunciaron porque, llegado el momento en que correspondía según el programa, los alumnos de cuarto de Primaria no habían "dado"el aparato excretor, y que la Administración Educativa movilizó dos inspectores durante muchas horas para encontrar la razón del desfase.

Dice Roger Schank, y tiene razón, que la velocidad no es un parámetro que deba influir en la educación. Que aprender haciendo es más lento que aprender memorizando, pero más seguro, porque al menos se aprende, y memorizando no se aprende nada. Tiene razón. Yo paso verdaderos malos ratos cuando la gente me dice:

- Tú eres profesor, ¿verdad? ¿En qué año tuvo lugar el tratado de Utrech? (nunca me dicen: -tú eres profesor, ¿verdad?, ¿hacia dónde crees que camina la humanidad?).

¿Qué importancia tiene, en la vida de una persona, haber aprendido a leer con cinco años o con seis?
¿Alguien que no sea médico o enfermera se acuerda con cierto detalle de cómo funciona el aparato excretor? ¿Qué es más importante, la velocidad o el tocino, digo, la educación?



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