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Cuando uno desnuda el contenido de sus neuronas delante de los demás convienen presentarse. Yo no sé cómo hacerlo, fuera de convencionalismos al uso.

La protagonista de la novela que estoy leyendo no tiene tantos problemas. Soy viuda, bajita, fea, rechoncha -dice-, tengo callos en los pies y también, a juzgar por ciertas mañanas que a mi misma me incomodan, un aliento que tumba de espaldas. Como rara vez soy amable, aunque siempre cortés, no se me quiere, si bien pese a todo se me tolera porque correspondo tan bien a lo que la creencia social ha aglutinado como el paradigma de la portera de finca, que soy uno de los múltiples engranajes que hacer girar la gran ilusión universal según la cual la vida tiene un sentido que se puede descifrar fácilmente. Hala!

A mí me parece un buen objetivo intermedio este de ser tolerado por los comunes para ser parte del engranaje que da sentido a la vida. Ya vendrán otros objetivos después. Quedaría por responder entonces cual es el paradigma del profesor de Secundaria. Y cumplir con él, claro.

Invito a todos y a todas a participar dando ideas, tomando como referencia el arriba citado paradigma de la portera de finca. Serán particularmente bien consideradas las aportaciones de los que no sean profesores de Secundaria.

Ya pensaré en el premio.

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