Ir al contenido principal

Trabajar en equipo (o hacer el ganso)



Los compañeros del Colegio Jesús - María de San Agustín, en Orihuela, formulan de esta manera tan bonita lo de trabajar en equipo. Es lo que tiene haber nacido, o vivir, en el mismo lugar que Miguel Hernández, que todo lo que imaginas lo dices bonito.


Los gansos vuelan formando una V porque cada pájaro bate sus alas produciendo un movimiento en el aire que ayuda al ganso que va detrás de él. Cada vez que el ganso se sale de la formación se da cuenta de la dificultad de volar sólo. De inmediato se incorpora a la fila para beneficiarse del poder del compañero que va delante.


Cuando el ganso que va en cabeza se cansa, se pasa a uno de los puestos de atrás y otro ganso o gansa toma su lugar.


Los gansos que van detrás estimulan a los que van delante para mantener la velocidad. Cuando una gansa o ganso enferma o queda herida, dos de sus compañeras se salen de la formación y la siguen para ayudarla o protegerla. Se quedan con ella hasta que esté nuevamente en condiciones de volar.


Parece que cuando compartimos una dirección común y tenemos sentido de comunidad, podemos llegar a donde deseamos más fácilmente y más rápido.


Este es el beneficio del mutuo apoyo.


Comentarios

  1. Si es que en el momento que haya una imagen de la naturaleza animal para ponerla de ejemplo, es encantadora y mucho más cuando es así de divertida y estética .

    Son animales y se guían por instinto. Probablemente todavía piensen poco de forma...animal (iba a decir personal, pero no corresponde). Históricamente desde que nos pusimos de pie y nos dedicamos a pensar, dejamos al instinto sólo para la supervivencia y ¡hala! a darle a la razón para todo. Y es una pena, porque una buena combinación de ambos, en la proporción justa sería ideal.

    Todavía se oye decir "es que tiene instinto para los negocios" o "reaccioné de forma instintiva y me lancé al agua para sacar al que se hundía".

    Igual voy a decir una burrada, el/la que lo sepa cómo es que me corrija, creo que hay algo que está entre el instinto y la razón, que se llama la intuición que serviría de mucho para mejorar en aspectos de relación entre personas. Igual suaviza al instinto y matiza a la razón, porque viene un poco del corazón, lo que te da el pálpito sobre un asunto. Poniendo el corazón como lo profundamente humano, con sus valores más positivos.

    Un conjunto equilibrado entre instinto, razón e intuición; que igual es eso de la Inteligencia Emocional, llevaría rápidamente a ver la importancia de trabajar en equipo y sus fabulosas consecuencias. Consiguiendo dejar a un lado: resquemores, dobles interpretaciones, ironías, malos rollos, comparaciones, individualismo, susceptibilidades, cerrazones, egoísmo y competición.

    ¡¡Necesito hacer la gansa!!

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Cosas pendientes de aprender para ser maestro: el silencio

Pasó a la historia el tiempo en el que el maestro se ganaba la autoridad con lo que sabía. De matemáticas o de lo que fuera.

Y ha llegado  el tiempo en el que maestro se gana la autoridad con lo que escucha. A las personas y a lo que hacen las personas.

El problema es que vamos tarde, porque la escuela, y la labor educativa en general, ha subestimado el valor de la escucha. O la ha juzgado irrelevante (algunos profesores se quejaban de que la escuela que yo dirigía "escuchaba demasiado" a los alumnos, o a los padres y madres).

Ahora toca aprender el silencio,  -el de Thomas Hood, aquel en el que ningún sonido puede ser, el mismo que interpretó Nyman en "El Piano"-. Toca aprender el "no saber" y el respeto al espacio del otro, sea niño, madre o compañero.

Yo aprendí a escuchar de mi padre, quien comprendía la autoridad de los espacios de silencio creados cuando escuchamos con todo el corazón puesto en prestar atención. Mi padre tenía una postura para escuch…

Nos educaron unos enfermos

Estudié la EGB entre la Escuela Parroquial de San Vicente Mártir, en Bilbao, y los Salesianos de Deusto. La mitad en un sitio y la otra mitad en el otro. Entre septiembre de 1970 y junio de 1978.

Muchos de los que me educaron eran unos enfermos.

Me dieron hostias como panes. Aunque muchas menos que a mis compañeros que iban mal en los estudios, o que no estudiaban.

Golpear no formaba parte de las rutinas diarias. Golpear era el sistema que empleaban. Y quienes enseñaban y aprendían (?) allá, lo integraban. Aquellos, como necesario. Estos, como normal.

Luego blanqueé aquellas barbaridades. Para subrayar la tesis de que los padres y madres, ahora, protegen en exceso a los hijos, recurrí a aquello de que "antes, si venías diciendo que te había pegado el profesor, tu padre te pegaba otra vez". Siento vergüenza por la pobreza del argumento, por las veces que lo he utilizado y por las veces que lo he escuchado sin rebatirlo.

No sé si es verdad que olvidamos lo que nos hace daño re…

Las creencias, o el mar congelado que tenemos dentro

Los profesores tienen que leer. Leer mucho. Miles de páginas al año. De libros y de revistas y de periódicos. Si quieren enseñar el mundo, claro. Si no, basta con que lean los exámenes de sus alumnos y los e-mails del correo interno del Colegio.

Yo animo a leer, a ser posible, páginas que contengan ideas diferentes a las de uno.

Primero, porque los profesores son los que tienen que enseñar a cuestionar las creencias, y conviene empezar por uno mismo.

Y segundo, para poder pensar. Pensar es eso tan saludable que retrasa el envejecimiento mental y a la vez te aleja de los extremos, donde habitan los que piensan poco, o piensan solo de lo suyo.

Steiner (Lenguaje y silencio: Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano, Barcelona, Gedisa, 2013) cita a Kafka: "si el libro que leemos no nos despierta como un puño que nos golpeara en el cráneo, ¿para qué lo leemos? ¿Para que nos haga felices? Dios mío, también seríamos felices si no tuviéramos libros, y podríamos, si fuera nec…